El billete

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Antes, comprarse un billete de avión era un proceso sencillo. Eso sí, que no se te ocurriese dejarte los billetes en casa, ahí no había localizador o DNI que valiese. Ahora, en cambio, la cosa se ha complicado. Los más sabios lo llaman liberalización de los mercados. Hoy, para adquirir unos simples billetes acudimos a Internet, a los buscadores de viajes. Y aquí es donde se lía parda.

Primero hay que elegir el buscador. ¿Y qué importa elegir uno u otro? ¿En qué se diferencian? ¿En que tarda tres segundos menos, en el color de su tipografía? Pues importa. No hay más que teclear “bus-ca-do-res” en Google y constatar cuántos de éstos existen.

Una vez encontrado el adecuado empezamos a ponernos serios. Origen, destino, fecha de la ida, de la vuelta. Luego le preguntan a uno si desea hacer escala. Evidentemente, no. “¿Desea incluir vuelos low cost en la búsqueda?”, pregunta la maquinita. Oiga, cuanto más barato mejor. “Y, ¿en qué clase desea viajar: Turista, Business, Primera o todas las anteriores?” En turista, en turista… aunque de eso tengo poco, que hago el mismo trayecto todos los fines de semana.

Completado. Siguiente paso: “buscar”. ¡¡Bum!! Avalancha de datos. Por cada vuelo buscado aparecen unas setenta y siete opciones perfectamente ordenadas en función del precio. El más barato, 30 euros; todo un chollo. “Comprar”.

Parece sencillo hasta ahora, pero aún no sabemos que de aquí a que acabe la operación la aerolínea y el buscador habrán inflado el precio inicial un 500% por lo menos. Que si tasas del no sé qué, que si la tarjeta es de crédito y no de débito (o viceversa),…

“¿Quiere usted llevar maleta?”, pregunta la página web. Hombre, pues si no le importa que me cambie de ropa, sí. “Bien. Entonces serán 25 euros más aunque, si nos hiciese el favor de pagarlo al llegar al aeropuerto, el precio se multiplicaría por siete”.

Nos sentimos tentados de cambiar de buscador, empezar de nuevo y mandar a tomar por saco los últimos veinte minutos. Si es la primera vez que hacemos esta maniobra, seguro que caemos en la tentación. Si estamos ya hartos de repetirla, sabemos que no nos queda otra que seguir, pues el resto de buscadores funcionan prácticamente igual. Total, que un billete que empezó costando unos 30 euros ha alcanzado los 300. Y recuerde, imprímalo usted al menos un día antes de la salida del vuelo, que si no el precio sigue escalando. Debe de ser también por eso de la liberalización de los mercados, que hace los precios más “competitivos”. Whatever.

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